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Oración guiada

5 minutos para Dios

Un alto en el día para rezar: invocamos al Espíritu Santo, escuchamos la Palabra, meditamos y oramos. Leelo con calma, sin apuro: son cinco minutos para estar con Dios.

Domingo 2 de agosto de 2026

En el nombre del Padre…

Nos ponemos en presencia de Dios

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Buscá un lugar tranquilo y una postura cómoda. Aflojá los hombros, respirá hondo un par de veces y dejá a un lado, por unos minutos, el teléfono y las preocupaciones. No venís a cumplir con una tarea: venís a descansar en Dios, que ya te está esperando.

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo. Llená el corazón de tus fieles y encendé en ellos el fuego de tu amor. Enviá tu Espíritu y renová la faz de la tierra. Ven, Consolador, dulce huésped del alma: quedate conmigo en estos cinco minutos. Aquietá mi corazón, callá mis ruidos, ordená mis pensamientos y enseñame a estar, sencillamente, delante de Dios. No busco muchas palabras; alcanza con abrirte la puerta y dejarte entrar.

Palabra de Dios

«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»Mateo 14, 13-21

Para meditar · inspirados en Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

En este domingo, Jesús mira a la multitud cansada y no la despide: le da lástima y quiere darle de comer. Y para lograrlo no parte de la nada, sino que les pide a los discípulos lo poco que tienen, apenas cinco panes y dos peces. Así trabaja Dios también con vos: no espera que llegues con las manos llenas, sino que le entregues lo que hay, aunque te parezca demasiado chico. Cuando ponés en sus manos tu tiempo, tu cansancio o tu buena voluntad, Él multiplica lo que ofrecés y alcanza para muchos. Tal vez hoy sientas que no tenés nada importante para dar; sin embargo, ese gesto pequeño, hecho con confianza, puede volverse pan para otro. Animate a compartir lo que sos y lo que tenés, y dejá que el Señor haga el resto.

Un momento de silencio

Quedate ahora un momento en silencio. No hace falta decir nada. Dejá que estas palabras bajen del pensamiento al corazón. Si te distraés, no te pelees con vos mismo: volvé despacio, como quien vuelve a casa. Y ofrecele a Dios lo que estás viviendo hoy: lo que te alegra y lo que te pesa, y las personas que llevás en el corazón.

Oración

Tomá, Señor, y recibí toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo lo que tengo y poseo. Vos me lo diste; a Vos, Señor, lo devuelvo. Todo es tuyo: dispón de ello según tu voluntad. Dame solamente tu amor y tu gracia, que eso me basta. Y con la confianza de los hijos, rezo la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdoná nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Cierre

Gracias, Señor, por este rato de oración. Que la paz que recibí me acompañe en todo lo que venga hoy, y que sepa llevársela a cada persona que me cruce. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Volvé cada día

Cada jornada renovamos esta oración, inspirada en el santo y el Evangelio del día.

Ver el Evangelio del día