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Palabra de Dios

Evangelio del día

Viernes 11 de septiembre de 2026

Viernes de la XXIII semana del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 6, 39-42

Jesús dijo a sus discípulos esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo’, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano».

«Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano»

Para nuestra comunidad

Hoy Jesús nos detiene con una pregunta que incomoda: ¿por qué miramos con tanta facilidad la pequeña paja en el ojo del hermano, mientras no advertimos la viga que carga nuestra propia mirada? El Señor no nos pide que dejemos de ver, sino que aprendamos a mirarnos primero a nosotros mismos, con verdad y sin miedo, delante de su ternura.

La Palabra nos propone un camino: dejar que Jesús, el Maestro, forme poco a poco nuestro corazón, hasta que nos vayamos pareciendo a Él. No se trata de fingir que somos perfectos, sino de reconocernos necesitados de su luz. Cuando permitimos que Él saque nuestras vigas —las durezas, los juicios apresurados, las miradas cargadas de reproche—, nuestros ojos se vuelven limpios y capaces de acompañar al otro con misericordia.

Hagámonos hoy, en la oración, una pregunta sencilla: ¿a quién estoy juzgando en estos días?, ¿qué viga me pide el Señor que le entregue? Dejemos que su mirada nos alcance en el silencio, para volver a la vida de cada día con un corazón más humilde, más compasivo y más parecido al suyo.