Un lugar de descanso y memoria en la casa de la Virgen.
El cinerario parroquial es un espacio de oración y recuerdo para conservar las cenizas de nuestros seres queridos, en el ámbito sagrado de la parroquia.
La Iglesia recomienda sepultar los cuerpos de los difuntos, pero también permite la cremación, siempre que no se elija por motivos contrarios a la fe cristiana. En ese caso, las cenizas de nuestros seres queridos merecen ser conservadas con respeto en un lugar sagrado.
El cinerario parroquial es precisamente ese lugar: un espacio de oración y memoria, dentro de la casa de la Virgen, donde las cenizas descansan acompañadas por la plegaria de la comunidad. Así evitamos que queden dispersas o guardadas en el hogar, y favorecemos el recuerdo orante por quienes partieron.
Conservar las cenizas en la parroquia es un signo de nuestra fe en la resurrección: confiamos a los difuntos al Señor, en comunión con toda la Iglesia, con la certeza de que la muerte no tiene la última palabra. Aquí, sus seres queridos pueden acercarse a rezar y a recordarlos, sostenidos por la esperanza cristiana.
Cf. Instrucción «Ad resurgendum cum Christo», sobre la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas (2016).
Un espacio destinado a la conservación y el recuerdo de quienes partieron.
Consultá la documentación necesaria en la secretaría parroquial.
Atención el 3° viernes de cada mes.