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En camino

Peregrinación a Luján

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Peregrinación a Luján

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Sábado 3 de octubre

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Inscripciones

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A partir de septiembre vas a poder anotarte por acá o en la secretaría parroquial. Los cupos son limitados, así que estate atento: muy pronto abrimos la inscripción para caminar juntos hacia la Casa de la Madre.

Apertura de inscripciones · septiembre
Tu testimonio

¿Por qué querés caminar?

«Camino para agradecerle a la Virgen por mi familia.»

«Camino por los que este año no pueden hacerlo.»

«Camino para pedir por trabajo y salud, y para encontrarme con Dios.»

«Camino porque necesito parar, rezar y volver a empezar.»

«Camino para ponerle el cuerpo a mi fe, un paso a la vez.»

Nuestra historia

Una historia que camina desde 1893

Caminar hacia un lugar santo es una de las formas más antiguas de rezar. Desde los primeros siglos, los cristianos peregrinaron a Tierra Santa, a Roma y, más tarde, por el Camino de Santiago. En nuestra tierra, ese mismo impulso encontró un destino propio: la Casa de la Virgen de Luján.

Las primeras peregrinaciones organizadas nacieron de la mano del Padre Federico Grote, fundador de los Círculos Católicos de Obreros. El 29 de octubre de 1893 partió desde Flores, en Buenos Aires, acompañado por unos 400 hombres. Con los años la caminata creció hasta reunir a miles, y a comienzos del siglo XX se formó la «Sociedad de Peregrinos a pie a Luján» para organizar la marcha anual. Gremios, colectividades de inmigrantes y comunidades de todo tipo empezaron a llegar a los pies de la Virgen durante todo el año.

La multitudinaria peregrinación juvenil, tal como la conocemos hoy, es más reciente. A comienzos de los años 70, un grupo de sacerdotes —entre ellos el Padre Rafael Tello— escuchó las inquietudes de los jóvenes y tuvo una idea sencilla y potente: unir a pie dos santuarios muy queridos, el de San Cayetano en Liniers y el de Luján. El primer sábado de octubre de 1974, en tiempos difíciles para el país, los primeros jóvenes cruzaron la General Paz y se lanzaron por la Ruta 7 hacia la Basílica. Casi no había nada en el camino: solo asfalto, entusiasmo y fe.

De aquella marcha austera a la peregrinación de hoy —con más de un millón de personas y toda una organización que la acompaña— el corazón sigue siendo el mismo: caminar juntos, cansados pero alegres, para llegar a la casa de la Madre. Como entonces, seguimos saliendo con la esperanza puesta en Dios.

Reseña propia elaborada a partir de fuentes públicas sobre la historia de la peregrinación a Luján.