¡Ya podés inscribirte! Completá el formulario y asegurá tu lugar para caminar juntos hacia la Casa de la Madre el sábado 3 de octubre.
Completar la inscripción →Usá calzado cómodo y ya probado (nunca zapatillas nuevas) y medias de algodón. Vestite en capas: de madrugada refresca y a media mañana suele hacer calor.
Llevá agua y algo liviano (frutas, cereales, galletitas). Tomá de a poco y seguido, aunque no tengas sed, y evitá el alcohol.
Aprovechá las paradas para descansar, cambiá las medias si se humedecen y llevá curitas o vendas para las ampollas. Si algo molesta, atendelo a tiempo.
Gorra o visera, protector solar y un piloto o poncho por si llueve. Para la noche, algo de abrigo.
Llevá tu documento y, si tomás medicación, la de ese día. Dejá anotado un teléfono de contacto por cualquier eventualidad.
Caminá a tu ritmo, respetá las indicaciones de los organizadores y de las fuerzas de seguridad, cruzá con cuidado y dale una mano a quien lo necesite.
Más que una caminata, es una oración. Llevá tus intenciones, rezá, cantá y disfrutá del encuentro: la Virgen te espera.
Caminar hacia un lugar santo es una de las formas más antiguas de rezar. Desde los primeros siglos, los cristianos peregrinaron a Tierra Santa, a Roma y, más tarde, por el Camino de Santiago. En nuestra tierra, ese mismo impulso encontró un destino propio: la Casa de la Virgen de Luján.
Las primeras peregrinaciones organizadas nacieron de la mano del Padre Federico Grote, fundador de los Círculos Católicos de Obreros. El 29 de octubre de 1893 partió desde Flores, en Buenos Aires, acompañado por unos 400 hombres. Con los años la caminata creció hasta reunir a miles, y a comienzos del siglo XX se formó la «Sociedad de Peregrinos a pie a Luján» para organizar la marcha anual. Gremios, colectividades de inmigrantes y comunidades de todo tipo empezaron a llegar a los pies de la Virgen durante todo el año.
La multitudinaria peregrinación juvenil, tal como la conocemos hoy, es más reciente. A comienzos de los años 70, un grupo de sacerdotes —entre ellos el Padre Rafael Tello— escuchó las inquietudes de los jóvenes y tuvo una idea sencilla y potente: unir a pie dos santuarios muy queridos, el de San Cayetano en Liniers y el de Luján. El primer sábado de octubre de 1974, en tiempos difíciles para el país, los primeros jóvenes cruzaron la General Paz y se lanzaron por la Ruta 7 hacia la Basílica. Casi no había nada en el camino: solo asfalto, entusiasmo y fe.
De aquella marcha austera a la peregrinación de hoy —con más de un millón de personas y toda una organización que la acompaña— el corazón sigue siendo el mismo: caminar juntos, cansados pero alegres, para llegar a la casa de la Madre. Como entonces, seguimos saliendo con la esperanza puesta en Dios.
Reseña propia elaborada a partir de fuentes públicas sobre la historia de la peregrinación a Luján.

